lunes, 19 de diciembre de 2011

LLEGA SANTA CLAUS AL ASENTAMIENTO LA ESPERANZA

Guatemala (NBG).- Niños del asentamiento Jesús de la Buena Esperanza recibieron regalos de un risueño Santa Claus que descendió desde el puente Las Vacas. Héctor Chacón Cuellar, oficial mayor de Bomberos Municipales, realiza la actividad desde hace 13 años.
Detrás del traje rojo y barba blanca se oculta Héctor Chacón, un bombero de 66 años. No es el clásico Santa Claus que se mete por la chimenea de las casas. Este, en cambio, desciende de los puentes del Incienso y Las Vacas, para visitar a los niños que viven en la parte más baja de esas estructuras. Lo hace haciendo rapel. “Requiere un esfuerzo enorme, pero vale la pena”, afirma.
Chacón no tiene esa panza característica de San Nicolás; en cambio, es un hombre delgado. Por eso, para personificar a Santa Claus se ayuda de una almohada que lleva escondida detrás del traje.
Hoy hará su descenso número 13, desde el puente del Incienso. El objetivo es el de siempre: llevar felicidad a los niños de familias de escasos recursos económicos.
¿Por qué decidió personificar a Santa Claus?
Tengo casi 45 años de pertenecer al cuerpo de Bomberos Municipales. En este tiempo me he dado cuenta de las grandes necesidades que tienen muchas personas. Hay demasiada pobreza en Guatemala y, debido a eso, bastantes niños y sus familias apenas tienen para comer. Por eso decidí hacer esto, ser un Santa Claus, y poder llevarles alegría.
¿Y cómo se le ocurrió eso de hacer rapel para ir a dejar su costal de juguetes?
Quise aprovechar mi especialidad en tareas de rescate. Hace 13 años empecé en la Torre del Reformador, donde subí hasta lo más alto para luego emprender la bajada. Después, regalaba juguetes a los niños que iban dentro de los automóviles. Pero, ¿sabe algo? Mis juguetes son tan humildes que creo que esos niños no los apreciaban. Por eso me surgió la idea de bajar de un puente, pues como bombero me he dado cuenta de que hasta abajo vive gente en extrema pobreza.
¿De qué puentes ha bajado?
Alterno cada año entre el Incienso y el de Las Vacas, que está al lado del Belice.
De esos descensos, ¿qué es lo que más le ha impactado?
Las mamás de esos niños me han contado historias terribles. Me han dicho que cuando hay alguien parado en el puente mirando hacia abajo es porque se quiere suicidar. En esas situaciones, la gente que vive abajo se aparta y se esconde, porque cuando esa persona se mata se escuchan ruidos horribles. Una señora me contó que ese ruido los mantiene atormentados. Por eso, cuando me ven parado en la baranda, ellos lo toman con alegría, pues saben que no tengo intenciones de matarme, sino de simplemente llegar hasta ellos para transmitir amor y dar unos cuantos juguetes a sus hijos.
¿Quién aporta los regalos?
Es una colaboración que dan los integrantes de los Bomberos Municipales y personas particulares. Hemos reunidos hasta 500 juguetes. Sin embargo, a veces hacen falta, pues en una ocasión, una niña al no alcanzar uno, me quiso arrancar la barba —ríe—.
¿Cómo se siente al ver los rostros de felicidad de los chiquillos?
Ese es mi regalo. Además, me río mucho, porque son tremendos.
A usted, ¿quién le regalaba juguetes cuando era niño?
Le cuento algo: mi padre murió cuando yo apenas tenía 2 años. Mi mamá quedó a cargo de todo, y ella era evangélica, así que la imagen de Santa Claus no estaba presente. Recuerdo que yo miraba luces de colores en las ventanas de los vecinos, pero para nosotros nada. También recuerdo que en una ocasión se organizó un intercambio de regalos con las personas de la iglesia, pero mi mamá no tenía dinero para que yo pudiera llevar uno. A última hora, consiguió un regalo, pero cuando llegué a la iglesia me dijeron que las parejas ya estaban hechas, y que si quería participar solo sería recibiendo mi propio regalo. Esas cosas me marcaron. Quizás por eso ahora me visto de Santa Claus y procuro llevar felicidad a los que más necesitan.
¿Hasta cuándo hará esto?
Fíjese que mis hijos me piden que ya no lo haga. Se preocupan y me preguntan si lo he pensado bien. Pero yo les respondo: “No, no lo he pensado bien”. Y la verdad es que nunca lo pienso —ríe—. Esto del Santa Claus que baja en rapel desde los puentes, lo voy a hacer hasta que el cuerpo me lo permita.
Fuente: Siglo XXI, PL y NBG

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